Inicio Biografías Freddy Mercury.. A 30 años de su partida.. Su legado!

Freddy Mercury.. A 30 años de su partida.. Su legado!

por Greyma

De aquí a la eternidad…

Ícono del rock y figura excluyente de los ’70 y los ’80, el cantante de Queen conformó un biotipo de estrella de rock irrepetible.

El cantante y compositor británico Freddie Mercury moría tal día como hoy hace 30 años, víctima del SIDA, dejando Bohemian Rhapsody como un pieza épica en el mundo de la música, con una estructura inusual que incluía una balada, una sección de ópera y otra parte de rock’n’roll. Fue escrita por él para el álbum A Night at the Opera de 1975, que catapultó a la banda británica de rock Queen, de la que Freddie era el vocalista, además de líder.

Bohemian Rhapsody no sólo coronó las listas de grandes éxitos en Reino Unido durante nueve semanas sino que lo fue tras la muerte de Mercury, un 24 de noviembre de 1991, con más de dos millones de discos sencillos vendidos.

El líder de Queen, el vocalista de garganta prodigiosa, capaz de emocionar tanto con sus duetos operísticos con Montserrat Caballé como con composiciones de rock de estadio, falleció hace hoy 30 años, un tiempo en el que su leyenda no ha hecho más que crecer y alcanzar a las nuevas generaciones.

El estreno en 2018 de ‘Bohemian rhapsody’, la película sobre Queen que supuso un gran éxito mundial, permitió que jóvenes fans quedaran fascinados por la personalidad de un grupo que mezclaba sin complejos pop, hard-rock, música disco, funk y ópera. Y, por encima de todo, por la figura de Freddie Mercury, un personaje inclasificable, extravagante y con una personalidad única, que vivió cada minuto de su vida como si fuera el último y que murió con solo 45 años, convirtiéndose en eterno.

Provocador y hedonista, pero a la vez generoso y celoso de su vida privada, Freddie Mercury nació el 5 de septiembre de 1946 en Zanzíbar, una pequeña isla frente a la costa Este africana que hoy forma parte de Tanzania pero que durante años perteneció al Imperio británico. Su nombre de pila fue Farrokh Bolsara, hijo de una familia parsi procedente de la India que se encontraba en la isla debido al trabajo del padre, un funcionario colonial. A los siete años, fue enviado a la India con su abuela para estudiar en el St. Peter School, un internado de estilo británico en el que ya se reveló su talento musical. Tras regresar a Zanzíbar, la familia Bolsara tuvo que huir a Inglaterra a causa de la revolución que dio lugar a la emancipación de la región, que pasaría a ser el estado de Tanzania.Se establecieron en 1964 en Feltham, un suburbio londinense, y la familia dejó atrás una vida acomodada y pasó a formar parte de la clase trabajadora, algo que no supuso ningún problema para el joven Freddie, como ya era conocido en su entorno. Fascinado por la explosividad creativa que vivían las islas en aquel momento, Mercury estudió moda y diseño gráfico, aunque tuvo que trabajar como mozo de almacén y en otras ocupaciones para sostener la economía familiar.

Encuentros fundamentales

A finales de los sesenta se produjeron dos encuentros fundamentales para su trayectoria personal y artística. Por un lado, conoció a Mary Austin, la mujer de su vida, a la que llamaba ‘mi esposa’ sin que nunca llegaran a casarse y a quien a su muerte legó la mayor parte de su fortuna. A elle le dedicó «Love of my life», una bellísima canción de amor que está entre lo mejor del repertorio de Queen.

Por otro lado, y a través de un compañero de estudios, Tim Staffel, comenzó a relacionarse con el guitarrista Brian May y el batería Roger Taylor, que junto a Staffel formaban el trío Smile, el germen de lo que más adelante sería Queen. 

Freddie Mercury -que aún no había adoptado su apellido artístico, inspirado en el dios griego Mercurio- tuvo un breve paso por grupos como Ibex, Wreckage o Sour Milk Sea, pero en abril de 1970 se incorporó como cantante a Smile tras la salida de Tim Staffel, cansado de la falta de éxito de la banda. Poco después conocieron al bajista John Deacon, que completó la formación clásica de Queen, la que se mantendría inalterable durante más de 20 años, hasta la muerte del vocalista.

Pronto se pudo ver que Queen era una banda diferente y que la acusada personalidad de Freddie Mercury -ahora ya sí, firmando con el apellido que le haría inmortal- se imponía por encima del resto de sus compañeros, aunque todos componían y cada uno de ellos ofrecía un matiz singular al proyecto. Suya fue la idea de bautizar a la banda con el nombre de Queen (Reina), a pesar de los evidentes matices gays que amenazaban con escandalizar a la puritana sociedad británica de la época, un país en el que la homosexualidad se acababa de despenalizar.Al rebufo del ‘glam-rock’ que triunfaba en el momento, gracias a artistas como David Bowie o Marc Bolan, Queen publicó a principios de los setenta sus dos primeros discos, todavía muy influenciados por el rock progresivo y el hard-rock de bandas como Led Zeppelin. Sin embargo, sería con el tercero, Sheer heart attack (1974) cuando comenzaron a despertar un mayor interés, sobre todo gracias a canciones como «Now I’m here» y, especialmente, «Killer queen», un tema de Mercury en el que se aprecian muchos de los elementos característicos del sonido de la banda.

Freddie no se consideraba un gran pianista, pero lo era. Sí se sabía vocalista excepcional, tanto como para no cuidarse en el consumo de tabaco y cantar con vasos de cerveza sobre el piano. Sabía defender sus canciones y aceptar y enriquecer las de sus compañeros. Diseñó logos y vestuarios, conocía los valores musicales de su banda pero estaba dispuesto a jugar lo que fuera para conquistar el mundo con ella.Lo conquistó. No solo por discos como A Night at the Opera, A Day at the Races, News of the World o el mismo The Game, cuando su fascinación por los clubes de baile lo llevó a porfiar por un cambio radical en el sonido: entre eso y la línea de bajo de «Another One Bites the Dust» -gracias, Deacon-, Queen hizo explotar los ’80… para estrellarse de frente poco después con el por lo menos decepcionante Hot Space.

Pero aun después de ese paso en falso, que por lo menos dejó el descomunal dueto con David Bowie en «Under Pressure», Mercury y sus compañeros lograron reinventarse, volver a levantar la puntería. Y los ’80, además, trajeron la exhibición mundial del otro argumento de su conquista. Alcanza ver la presentación de Live Aid, o cualquier show de esa época, o las mismas, borrosas imágenes del Vélez de 1981. Como muy pocos -quizás como nadie-, Freddie fue capaz de meter 80 mil personas en un puño, manejarlas como titiritero genial. Si su vida era tormentosa, cuando pisaba el escenario todo se diluía; sabía todo, entendía todo, se convertía en el dueño del circo, los payasos, los leones, las focas saltarinas y, por supuesto, el público.

El ejercicio de tratar de imaginarlo hoy a los 75 no sirve de mucho, su propio camaleonismo lo vuelve ocioso. En rigor, podría ser cualquier cosa. Lo que importa es lo que fue, lo que hace que este 24 de noviembre se multipliquen los recuerdos, los videos en las redes, las canciones resonando. Un huracán con o sin bigotes. Un compositor iluminado, un performer soberbio. El tipo que aún hoy, en cada reaparición nostálgica, vuelve a tener un mundo en el puño.

Artículos Relacionados

Leave a Comment